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miércoles, 11 de julio de 2012

Capítulo 5

¿Así que te encontraste con David anoche? ¡Qué casualidad! Yo creo que es el destino, Al – dijo Brenda, y después le dio un sorbo a su granizada de limón. La removió con la pajita.

Estábamos en la cafetería Kilkai. Era un local moderno que ofrecía una gran variedad de bebidas exóticas y pastelitos de todo tipo, aunque nosotras, después de haber probado casi todo el repertorio, nos decidíamos casi siempre por lo más normal que había en la carta. Recuerdo que una vez le pregunté a Marta, la chica que siempre nos atendía, de dónde procedía el nombre del bar, y me explicó que kilkai es una joya mapuche, un collar de plata que cae sobre el pecho.

–Bueno – respondí, encogiéndome de hombros –, la verdad es que fue una coincidencia.

Le hablé de Álvaro, Cristian y Blas, los amigos de David.

–Parecen majos.

–Lo son. Gracias a ellos ahora estoy más animada... – Fui bajando el tono de voz al darme cuenta de mi error, porque no le había dicho a Brenda nada sobre el mensaje de Pablo. Intenté arreglarlo –: Con el concierto. Estoy más animada con el concierto. Creo que lo pasaré bien con esos chicos. – Y sonreí antes de cortar un trozo de mi napolitana.

Brenda me miró detenidamente, con los ojos entrecerrados en un gesto de sospecha. Se había dado cuenta de que algo raro me ocurría. ¡Me conocía demasiado bien!

–¿Alma?

–¿Sí? – respondí al instante, fingiendo ingenuidad, como si no tuviera ni idea de lo que me iba a preguntar a continuación.

–¿Qué hora era cuando te encontraste a David?

–Las once – mentí. De haberle dicho la verdad, que el encuentro había sido pasada la una, habría empezado a sospechar. Después pensé que las once tampoco era una hora muy normal para bajar yo sola a la plaza, pero esperé que funcionara.

–Qué curioso... – Se frotó la barbilla con los dedos de un modo teatral –. Yo iba con Leo cuando dejó a David en su casa. A las once. Vi cómo se bajaba del coche, se despedía con la mano, y entraba por la puerta. Y no me cabe duda de que eran las once de la noche.

Miré a la mesa pensando qué hacer. No quería contarle a Brenda lo del mensaje de Pablo porque prefería olvidar que aquello había sucedido, y hablarlo con ella lo convertiría en algo más real y, por lo tanto, más doloroso. Además, temía cuál pudiera ser su reacción. Esa chica era tan impredecible que lo mismo podría ponerse hecha una furia que animarme a quedar con él.

–Ah, no sé – dije quitándole importancia –. No estaba muy pendiente de la hora. Sería más tarde.

–¿Qué hora era, Alma?

Suspiré, rendida.

–De acuerdo, era la una y cuarto, y veinte... No sé.

–¿Y qué hacías a esa hora tú sola en la plaza?

–Tomar el aire. No tenía sueño, así que bajé un rato. ¿Qué hay de malo en eso?

–Que me has mentido. Y si me has mentido es por alguna razón. ¿Qué está pasando?

Miré sus ojos preocupados y supe que tenía que decírselo. Era mi mejor amiga, y siempre nos lo contábamos todo... Así que me removí en mi silla y me dispuse a hablar.

–Está bien... Ayer Pablo me envió un mensaje por Tuenti.

–¡¿Qué?!

–Déjame terminar. En cuanto llegué a mi casa lo bloqueé. Quería borrarlo de mi vida, seguir adelante. Y me pareció que sería una buena idea empezar por ahí. Cuando volví a conectarme al cabo de un rato tenía un mensaje suyo, enviado desde la cuenta de Quique.

–¿Y qué decía? – preguntó inquieta, incapaz de dejarme hablar hasta el final. Suspiré de nuevo, recordando las palabras exactas.

–Que quería hablar conmigo. Que necesitaba hablar conmigo, verme... Decía... – Noté que me temblaba la voz –. Decía que quería arreglar las cosas, pero no sé muy bien en qué sentido. ¿No estaba con otra? – Sentí una punzada en el pecho –. No entiendo a qué ha venido esto.

–¡¿Que qué?! – chilló Brenda con los ojos abiertos como platos. La miré confundida, y luego caí en la cuenta de que ella no sabía lo de la nueva novia de Pablo –. ¿Por qué no me cuentas las cosas, Alma?

–Porque no me apetecía hablar de ello, la verdad. Y tampoco me apetecía hablar de lo del mensaje de ayer... Me afectó mucho, y por eso bajé a la plaza. Necesitaba despejarme.

–Ese tío es un... es un...

–¡Ah! – exclamé antes de que encontrara una palabra lo suficientemente dura como para definir a mi exnovio –. Y terminó el mensaje con un “suerte”.

Sentí una extraña sensación en mi interior al recordarlo.

–Deberías quedar con él. – Se me encogió el estómago cuando escuché decir eso a Brenda –. ¡Y matarlo! ¡No! ¡Torturarlo hasta que te suplique que lo mates!

–Brenda...

–¡Ni Brenda ni Brendos! ¿Quién se cree que es?

–Brenda, por favor. – Sabía que había sido un error contárselo. Algunos clientes, los que ocupaban las mesas más cercanas, nos observaban con disimulo.

–Leo se va a poner furioso cuando se entere.

Dudé un instante.

–Leo ya lo sabe.

–¿Qué?

–Me lo dijo él.

La cara de pena que puso me encogió el corazón. Permaneció en silencio unos segundos y luego volvió a hablar, esta vez más relajada.

–¿Tampoco Leo confía en mí?

–No es eso, y no te pongas melodramática. Él sabía que reaccionarías así. Sabe que eres muy protectora conmigo, que querrías matar a Pablo si te enterabas.

–Tú eres quien debería querer matarlo.

–Exacto. – Sonreí, cogiéndole las manos con dulzura, tragándome mi propio dolor –. A ver, Brenda, te agradezco que te preocupes tanto por mí. Eres la mejor amiga que se puede tener. Pero no quiero que exageres con esto.

Me resultó raro quitarle importancia con tanta naturalidad después de cómo me había sentido la noche anterior al descubrir el mensaje.

–¿Te parece que esté exagerando? – se quejó con una voz cargada de ironía.

–Sí... Todo esto es difícil. Entiendo que también lo sea para ti: yo querría acabar con Leo si te hiciera algo parecido.

–Oh, cariño – soltó una risilla –, no tendrías tiempo de acabar con él. Eso te lo digo yo.

Reí por su comentario.

–Lo que quiero decir es que me gustaría terminar con esto de una vez. Olvidarme de Pablo. Pasar página. Así que... ¿por qué no hablamos de otra cosa?

–¿De David, por ejemplo?

Solté una carcajada.

–Por ejemplo...

Era curioso cómo, al final, casi había tenido que ser yo quien consolara a mi amiga, cuando lo normal habría sido todo lo contrario.

–Solo una cosa más respecto a lo otro, y después hablamos de David todo lo que quieras. – Movió las cejas arriba y abajo. Puse los ojos en blanco –. ¿Quién es ella?

–No lo sé... Y creo que prefiero no saberlo.


No volví a ver a David hasta el día del concierto de Metallica, dos semanas más tarde. Sin embargo, aunque no había tenido ocasión de hablar con él en persona, nuestras conversaciones a través de Tuenti, que se alargaban durante horas y horas por las noches, dieron lugar a extensas charlas por MSN, algunas de ellas acompañadas de una breve videollamada. Aunque no fui capaz de olvidar el mensaje de Pablo, hablar con David hacía que me sintiera feliz, o todo lo feliz que podía sentirme, al menos. Durante ese tiempo no tuve noticias de Pablo, y me alegraba de que así fuera, porque de ese modo todo me resultó más sencillo. Cuando salía temía coincidir con él, pero nunca llegó a ocurrir. Conocía los sitios que él frecuentaba y hacía lo posible por evitarlos. A pesar de todo, no podía remediar preguntarme constantemente qué lo había llevado a enviarme el mensaje. Quizás, pensé, lo hizo porque se sintió ofendido al comprobar que lo había bloqueado en Tuenti. Por vanidad y nada más que eso. Por impedir que me olvidara de él.

La noche antes del concierto David y yo lo estuvimos planeando todo. Vendrían a recogerme en coche a casa temprano y luego haríamos un viaje de casi tres horas. Estaba muy nerviosa y me moría de ganas de que llegara la mañana siguiente. Ya lo tenía todo preparado: la mochila con algunas prendas limpias solo por si acaso, ya que regresaríamos después del concierto y, por lo tanto, no tendríamos que pasar allí la noche; había cargado el móvil y mi MP4 y actualizado la lista de canciones (seguramente no lo necesitaría, pero me gustaba llevarlo siempre conmigo); ya estaba dentro de la mochila mi documentación y algo de dinero, y solo me faltaba preparar algunos bocadillos, pero eso lo haría por la mañana, antes de marcharnos.

Aquella noche, a pesar de haberme dormido tras dar muchas vueltas en la cama por los nervios que me provocaba el pensar en el concierto, soñé con Pablo. Soñé que estábamos en mi habitación, juntos, felices, incapaces de imaginar la posibilidad de un final para nosotros. Me acariciaba el pelo con dulzura, como tantas veces, mientras nos abrazábamos tumbados en la cama. Cuando desperté me eché a llorar desconsolada y recordé aquella vez, no mucho antes de que decidiera terminar la relación, en que aprovechamos un fin de semana que mi casa estaba sola para pasar el día juntos. Aunque había muchas cosas que recordar de aquel día, yo solo pensaba en una... Sin importarme el dolor dejé que mi memoria me transportara algunos meses atrás:


Escuchaba su corazón apoyada en su pecho, que se movía lentamente al ritmo de su respiración. Él me cogía de la mano, acariciándome los dedos con una ternura que me hacía estremecer. Era invierno y, acostados en mi cama, nos habíamos abrigado con un edredón. Cerré los ojos saboreando el momento, deseando que no terminara nunca. Su perfume, el tacto de su piel, todo entonces me decía que nada podría separarme de él. Qué equivocada estaba.

–¿Sabes? – susurró.

–¿Qué? – respondí yo casi en un suspiro.

–No podría estar mejor que ahora, aquí contigo. – Agarró mi barbilla suavemente y la alzó para besarme –. Me encanta esto... Me encantas tú. Te quiero, Alma.

Me apreté contra él con el corazón lleno de alegría.

–Yo también te quiero, Pablo.


Las lágrimas se deslizaban por mi rostro, acalorado por el llanto, e iban a parar a la almohada. Sabía que, en momentos como aquel, era inevitable sentirme así, abatida. Lo sabía, pero quería deshacerme de ese sentimiento. Quería ser feliz. Recordé entonces el título de un libro que había leído hacía algún tiempo: La alegría, también de noche, de José María Rodríguez Olaizola, con el que aprendí que los malos momentos, el dolor, podían ser parte de la felicidad del mismo modo que los tiempos de alegría; que también las penas debían ser aceptadas como un párrafo más del guion de la vida. Apreté mi cara contra la almohada, empapada por las lágrimas, y lloré hasta quedarme dormida.


Cuando volví a despertarme por el sonido del despertador la luz del día que se colaba a través de la persiana pareció animarme, y de pronto regresaron los nervios por el concierto. Eran las ocho y media, y dentro de una hora vendrían a recogerme David y sus amigos. Me di una ducha a toda prisa y, con el pelo todavía mojado, preparé los bocadillos para el viaje y me hice el desayuno. A las nueve y veinticinco David me dio un toque al móvil, tal y como estaba previsto, me despedí de mis padres y mi hermano y salí por la puerta. Cuando lo vi asomado por la ventanilla del asiento trasero, sonreí y respiré hondo, preparada para un día que, estaba segura, sería inolvidable.

8 comentarios:

  1. Ya no me basta un capitulo, pero me basto este para odiar un poquito mas a ese ¬¬, pero que rayos! Al debería ver mas a David! :3 no? huhu esto me ha dado una idea xD lo eliminare de Facebook xD Gracias Clara por compartirnos tus historias

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  2. Argg odio que se me hagan tan cortos los capitulos ;)
    Sube rapido el siguiente jeje

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  3. Bonito capítulo. Odio que Alma esté así de mal por un idiota como ese, no se lo merece... Pero en fin, a veces las chicas somos así de tontas.
    Sigue así, espero el siguiente capítulo.
    Un beso, con cariño :)

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  4. Conozco a un Pablo Romero que tiene un año menos que yo, pero ese no es el tema. Me he leido hoy el 4 y el 5 y me han gustado, tu historia es de las pocas que sigo al dia y espero q sea asi, porque me esta gustando el jodido de David.

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  5. Aprendí que los malos momentos, el dolor, podían ser parte de la felicidad del mismo modo que los tiempos de alegría y que también las penas debían ser aceptadas como un párrafo más del guion de la vida.
    Me encanta :) Pablo terminara siendo destinado al olvido jaja lo veo claro xD

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  6. Me ha parecido perfecto! Los diálogos son tan naturales; tenía la sensación de revivir conversaciones con mis amigas. Es todo tan...real que resulta imposible que no te enganches.
    El último adjetivo, "inolvidable", ha hecho que especule sobre lo que pasará en el próximo capítulo...hmmm Espero que Pablo se esté quieto en su bendita casa! (no es santo de mi devoción) Y que Alma disfrute al máximo con David (es un amoor!!).
    Me encanta, me encanta y me encanta! Y me declaro fan incondicional! :)

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  7. Hola hola hola.
    Me encanta, de verdad. Eres genial escribiendo con Whit Me empecé en el penúltimo capítulo, un poquitín tarde,pero me encantó. Y en este aún no te había dejado ningún comentario pero lo llevo leyendo casi desde el principio y como Tuenti no me va no lo veo si avisas. ¿Tienes Twitter? Soy @SexyJudd.
    Y una cosa. ¿David? ¿Blas? ¿Álvaro? ¿Donde te has dejado a Dani y Carlos? Los nombres pueden ser una coincidencia pero aún así me gustan.
    Un besazo, Marisa.
    Ciao, bella.

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  8. Holip :) Vale, me he leído hoy todos los capítulos hasta este, ¡y me encantan! ¡Me encantan infinito! Yo también quiero ir a un concierto de Metallica *_______________* Por cierto, escribes tremendamente genial :)
    Seguiré leyendo xD

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